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La influencia de los escritores

En tiempos de los grandes filósofos griegos, las artes, el pensamiento y, por supuesto, los escritores, gozaban de una gran influencia en la sociedad, que los admiraba y respetaba.
¿Qué ha quedado de aquello actualmente? Lamentablemente, muy poco. El prestigio y la influencia real de los intelectuales y los escritores disminuye de forma alarmante, diluidos en un entorno que valora más cuestiones como la riqueza, la apariencia, las relaciones sociales triviales y la cultura de usar y tirar.
Esta escasa influencia de los escritores también es culpa de muchos compañeros de profesión, todo hay que decirlo, perdidos en sus propios prejuicios ideológicos y en la vorágine consumista de unas tendencias de mercado que marcan lo que la gente quiere leer o escuchar.
El poder económico, político y empresarial se encarga actualmente de cortar las alas a los intelectuales que buscan salirse del circuito controlado y actuar de forma independiente, de manera que cada vez hay más a sueldo de estos círculos de poder, de una manera o de otras (contactos, subvenciones, prebendas, premios…), y menos los que no estamos sometidos a esos dictados y podemos hablar y escribir con libertad. El resultado es que la capacidad de influencia en la sociedad se ha limitado enormemente y quedamos en minoría marginada, como una vocecilla a la que solo unos pocos escuchan. Ya quisiéramos las audiencias de aquellos filósofos griegos que marcaron el camino del pensamiento y el debate.

Power of Words

Hoy, casi todo está sometido a una dictadura censora que imprimen los nuevos controladores del pensamiento global, quienes extienden sus modelos de sociedad desde los grandes medios de comunicación, siguiendo una agenda con un claro acento ideológico que destierra a todo y a todos los que no comulguen con esas posturas y opiniones. Tolerancia revestida de uniformidad, pero claramente intolerante con quien se sale del guión.
En este marco cultural, los escritores son utilizados por el poder político y económico para sus objetivos, y el resultado es que se han convertido muchos de ellos en meros instrumentos de aquellos, o al servicio únicamente de las modas del mercado. La influencia real sobre la sociedad se ha desmoronado porque el prestigio de una gran mayoría de intelectuales está por los suelos, al mismo nivel que las obras que escriben.
La censura, la marginación, la intolerancia y el arrinconamiento es lo que espera a los pocos escritores e intelectuales que osamos enfrentar ese poder en la sombra, que también llega, por supuesto, a los medios de comunicación e internet, donde las voces profundamente independientes y que se atreven a pensar y salirse del rebaño general, son silenciadas y sometidas al vacío por quienes se venden por un plato de lentejas y un minuto de gloria.
Si echamos la vista atrás, vemos la influencia de la que gozaban intelectuales importantes durante todas las etapas de la Historia, más en el mundo anglosajón que en el español, pero también en éste. Una influencia que casi ha desaparecido y que es uno de los grandes retos para los escritores que aspiran a algo más que vender muchos ejemplares de sus libros y sentarse a comer las migajas de una sociedad que deja bastante que desear.
El papel intelectual de los escritores es históricamente importante, pero hay que ganárselo con trabajo, valentía e independencia.

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