Trump impulsa la reindustrialización de EE. UU
Más allá de las noticias que los grandes medios se dedican a destacar, encontramos esas informaciones importantes y sustanciales que están consolidando la presidencia de Donald Trump como una de las mejores en décadas. La semana pasada se hízo pública la construcción de la primera fundición de aluminio en Estados Unidos en casi 50 años, desde 1980, lo que significa un importante paso para fortalecer el plan del presidente Trump de impulsar la producción nacional y la reindustrialización mediante la aplicación de aranceles y políticas fiscales favorables. De acuerdo, no tiene el tirón mediático de una controversia como los asuntos de Groenlandia o los disturbios de la ultraizquierda en Minneápolis, donde agente federales les están dando paloterapia de la buena muy merecida, pero realmente tiene un alcance mayor y es de más interés para los ciudadanos.
Century Aluminum y Emirates Global Aluminium son los responsables de esta nueva alegría para la Administración Trump, que con esta planta de producción primaria en Inola, Oklahoma, producirán 750.000 toneladas de aluminio al año, reduciendo la dependencia de las importaciones y fortaleciendo la base industrial del país. Las dos empresas esperan crear 1.000 empleos directos permanentes en las instalaciones y 4.000 empleos durante la construcción de la fábrica. La fundición se construirá en un parque industrial en el Puerto de Inola, Tulsa. Forma parte del Sistema de Navegación del Río Arkansas McClellan-Kerr, que conecta con el sistema del río Mississippi y permitirá un transporte eficiente de carga a granel. Hasta ahora, Estados Unidos importaba alrededor del 85% de su aluminio, que es vital para fabricar nuestros aviones de combate y misiles, por poner dos ejemplos.
Como no podía ser de otra manera, Trump ha celebrado esta victoria afirmando que sus políticas arancelarias impiden que otros países inyecten metales baratos en Estados Unidos y que sus políticas fiscales facilitan la inversión en fábricas estadounidenses. Todo lo cual es completamente cierto y está favoreciendo, y de qué manera, el auge de una economía que crece ya a un ritmo proyectado del 6% del PIB.
Hay que poner esto en contexto porque es relevante. Durante décadas, las industrias del acero y el aluminio estadounidenses, que en el pasado fueron líderes mundiales, se vieron socavadas por acuerdos comerciales injustos y golpeadas por el desempleo al enviar al extranjero miles de empleos. Pero esto ha terminado el día que el presidente Trump asumió el cargo de nuevo para un segundo mandato. Ahora, gracias a las políticas de esta Administración, Century Aluminum está construyendo una planta de producción de aluminio primario de vanguardia en Oklahoma. Es un símbolo de lo que el presidente Trump está empezando a conseguir, y que es la reindustrialización de Estados Unidos con mayor vigor y los últimos avances tecnológicos.
Este proyecto deberá empezar a rodar a finales de 2026 y la producción está programada para finales de la década. Se trata de una inversión a futuro para beneficio del país. Pocos políticos apuestan por poner en marcha iniciativas que no les den futo inmediato, pero Trump sí lo hace porque quiere lo mejor para su país. No gobierna para los medios, gobierna para los ciudadanos.
La Administración Trump ha advertido repetidamente y con razón que el exceso de producción en lugares como China provocó una avalancha de metales baratos vendidos a Estados Unidos, lo que perjudicó a la industria nacional y aumentó la dependencia del país de los metales extranjeros. Una desgracia que ninguno de los últimos presidentes se ocupó de corregir, pese a las alertas de numerosos expertos y analistas sobre el riesgo que ello representaba para la seguridad nacional y para el corazón económico de esta nación. Ninguno salvo Donald Trump, que siempre se ha tomado esta cuestión muy en serio y lo está demostrando con su acción de gobierno. Apenas iniciado este segundo mandato presidencial, Trump decidió que demasiados países recibían exenciones de los aranceles preexistentes sobre los metales, por lo que el presidente decidió endurecer los gravámenes y hacerlos herméticos. Esto ha sido determinante para recuperar la inversión en industrias esenciales. El uso eficaz y estratégico de los aranceles por parte de Trump está protegiendo nuestra seguridad nacional y crea empleos de alta calidad bien remunerados.
- WEST MIFFLIN, PENNSYLVANIA – MAY 30: President Donald Trump speaks to supporters during a rally at the US Steel-Irvin Works on May 30, 2025 in West Mifflin, Pennsylvania. President Trump visits the steel factory after greenlighting the long-proposed merger between U.S. Steel and Tokyo-based Nippon Steel.(Photo by Jeff Swensen/Getty Images)
- Republican presidential candidate former President Donald Trump arrives for a campaign rally, Saturday, July 13, 2024, in Butler, Pa. (AP Photo/Evan Vucci)
La nueva fundición de aluminio es muy significativa porque, en los últimos años, la industria estadounidense se ha centrado principalmente en operaciones posteriores, como laminadores y reciclaje. Canadá, por ejemplo, cuenta con abundante electricidad proveniente de las centrales hidroeléctricas de Quebec y otros lugares, lo que lo convierte en un importante productor de aluminio primario. Mientras tanto, era difícil obtener la electricidad asequible necesaria para construir nuevas fundiciones en Estados Unidos. Esto ha cambiado con Trump, cuyas desregulaciones y sus políticas de independencia y abundancia energética han mejorado estos problemas.
Una vez más se demuestra que el liderazgo del presidente Trump está trabajando para impulsar la inversión y la innovación con el fin de revitalizar la industria del aluminio estadounidense, esencial para la defensa de nuestra nación y la vitalidad económica de las comunidades trabajadoras de todo el país.
Por último, Trump le está enseñando al mundo que los aranceles y el crecimiento económico basado en una industria nacional no causan inflación, como muchos «expertos» y medios sesgados a la izquierda proclamaban.
El presidente Trump salvó también la industria del carbón, y en una semana como la pasada, con temperaturas bajas en todo el país, recordamos cuánto necesita nuestra nación más energía de base, no menos. Los 625 millones de dólares asignados a través de las disposiciones energéticas de la Ley presupuestaria modernizaron las plantas sin comprometer la producción.
No debemos olvidar nunca que una de las consecuencias de las políticas comerciales globalistas que pusieron a Estados Unidos en una posición de desventaja, fue el colapso del poderío industrial de nuestra nación. A medida que las fábricas cerraban y los empleos se externalizaban, las comunidades fueron destruidas merced a despidos masivos de trabajadores, algo que destrozó la clase media y separó a las familias. Durante años, los políticos y los burócratas permitieron que este statu quo globalista continuara. La llegada del presidente Trump a la Casa Blanca cambió todo esto porque a diferencia de los presidentes anteriores, Trump sí está comprometido a poner a los estadounidenses en el primer lugar de sus políticas y a cumplir sus promesas. Por eso ha asegurado ya inversiones récord en la industria de este país, ha impulsado una agenda comercial de «América Primero», ha conseguido que la producción de acero de EE. UU supera a la de Japón por primera vez desde 1999 con un aumento del 3,1% en 2025 hasta los 82 millones de toneladas, colocando al país en el tercer lugar a nivel mundial, detrás de China e India, y está trabajando muy duro para repatriar los empleos. Bajo el presidente Trump, el patriotismo americano prevalecerá, no el globalismo. Este aumento de la producción se produce tras la imposición de aranceles del 50% a las importaciones de acero y aluminio el año pasado. No es casualidad, es una de sus causas.
La reindustrialización de Estados Unidos impulsada por Trump está en marcha y es así como empezamos a hacer América grande otra vez.














