Las ordenes ejecutivas de Trump
Las órdenes ejecutivas del presidente Trump y el proyecto de ley presupuestario denominado One Big Beautiful Bill. forman parte de una estrategia medida al milímetro que le ha proporcionado el despegue más rápido y efectivo de un presidente en ejercicio en décadas.
Muchos se preguntan cómo es capaz de articular tan rápido nueva órdenes a la luz de los acontecimientos. Desde el primer día de su segundo mandato, Trump ha recurrido a una amplia reserva de proclamaciones y órdenes ejecutivas, muchas de las cuales se han preparado desde hace mucho tiempo, incluso durante la campaña electoral, antes y durante el proceso de transición presidencial, con el objetivo de impulsar las prioridades de su agenda America First, fortalecer su discurso en momentos críticos y poner el foco mediático en temas que considera importantes en momentos decisivos.
El trabajo previo de Trump, sus asesores y abogados, le ha permitido disponer de un auténtico arsenal de órdenes ejecutivas preparadas para firmar de acuerdo a un calendario perfectamente estudiado. Esto desmiente las habituales críticas de los medios de que es un presidente errático y que cambia de opinión. Nada más lejos de la realidad. Un ejemplo de ello fue la la orden ejecutiva del pasado 21 de enero en la que prohibió la ciudadanía por derecho de nacimiento, que estuvo en preparación durante meses. También la orden ejecutiva 14257 del 2 de abril, en la que declaró una emergencia nacional derivada de las condiciones reflejadas en los grandes y persistentes déficits comerciales y por la que impuso aranceles que consideró necesarios y apropiados para hacer frente a esta amenaza extraordinaria. Esta orden afecta también a España al imponer aranceles a la Unión Europea, con quien se mantiene abierta una negociación comercial. O la reciente orden que prohíbe la inmigración abierta desde cualquier país de alto riesgo donde no se pueda realizar una evaluación y un control seguro y confiable, y que impuso restricciones de viaje a países como Afganistán, Birmania, Chad, República del Congo, Guinea Ecuatorial, Eritrea, Haití, Irán, Libia, Somalia, Sudán, Yemen, Burundi, Cuba, Laos, Sierra Leona, Togo, Turkmenistán y Venezuela. O la orden ejecutiva para crear nuevas oportunidades de desarrollo educativo y laboral para la juventud estadounidense en inteligencia artificial. O la orden ejecutiva del 20 de mayo por la que creó el National Center for Warrior Independence (Centro Nacional para la Independencia de los Guerreros) que promoverá la autosuficiencia de los veteranos mediante la provisión de vivienda, el tratamiento del abuso de sustancias y el apoyo al trabajo productivo para los alojados allí.
De acuerdo a esta estrategia presidencial, nada conocida fuera del círculo más cercano de sus asesores, Trump dispone de la mayoría de estas órdenes ejecutivas ya preparadas con mucho tiempo de adelanto previa a su firma, y que responden a los ejes principales de sus políticas, pero otras se redactan y añaden a la lista con muy poca antelación, en respuesta a temas que se suscitan en el debate público o a petición de determinados grupos o individuos con influencia, tras un proceso rápido de análisis y valoración estratégica. Esta flexibilidad es la que está detrás de algunas órdenes y proclamaciones sobre cuestiones tan de actualidad omo la restricción a la entrada al país de estudiantes y académicos internacionales para asistir o impartir clases en la Universidad de Harvard, o la que ordena al asesor legal de la Casa Blanca abrir una amplia investigación para determinar si Joe Biden y su personal en la Casa Blanca encubrieron su deterioro cognitivo, tal y como apuntan todos los hechos que hicieron.
La rapidez del equipo de Trump demuestra que no se les escapa una y actúan con celeridad cuando es necesario fortalecer el discurso del presidente. La proclamación sobre la Universidad de Harvard se produjo pocos días después de que un juez federal bloqueara un intento previo de la Administración de revocar la capacidad de la universidad para acoger a estudiantes y académicos extranjeros, que es una fuente vital de financiación para Harvard.
También ha sido una orden ejecutiva preparada recientemente la que levanta la prohibición de 52 años de los vuelos supersónicos civiles sobre territorio de Estados Unidos y ordena a la Federal Aviation Administration (FAA) que derogue el límite de velocidad supersónica siempre que las aeronaves no produzcan un estallido sónico audible en tierra. De esta forma, el presidente Trump abre el camino al futuro de viajes más rápidos y silenciosos. Esta orden ejecutiva se produce después de que un grupo bipartidista de líderes del Congreso presentó la Ley de Modernización de la Aviación Supersónica el 14 de mayo de 2025. La legislación insta a la FAA a revisar la normativa que prohíbe los vuelos supersónicos sobre tierra. Y también después de conocer que las empresas estadounidenses están desarrollando con éxito este tipo de transporte supersónico. Trump demuestra una vez su enorme cintura política y movimientos estratégicos perfectamente calculados.
La orden ejecutiva n° 14159 es otra respuesta inmediata a los problemas que surgen cada día. En concreto, sienta las bases para que los militares y las fuerzas del orden se encarguen de asuntos de seguridad, persigan criminales y protejan a los ciudadanos inocentes cuando las condiciones así lo requieran. Un ejemplo claro de respuesta a los disturbios de Los Ángeles.
Así como la orden ejecutiva del 6 de junio destinada a reducir las amenazas a la seguridad nacional y la seguridad pública que plantean los drones en Estados Unidos, y que ordena la creación de un grupo de trabajo para garantizar que se tomen las medidas necesarias para detectar e identificar drones potencialmente peligrosos, y para combatir usos ilícitos como el espionaje y el narcotráfico.
Otra orden ejecutiva, del pasado 12 de mayo, mediante la que se reducen los precios de los medicamentos recetados entre un 30% y un 80% y establece que los estadounidenses pagarán el mismo precio que la nación que paga el precio más bajo en cualquier parte del mundo, responde a un modelo mixto: en preparación desde hace unas semanas y firmada en un momento en el que el tema estaba en el centro del debate en Estados Unidos. En esta estrategia mixta, también está la orden ejecutiva del 10 de mayo que lanzó el primer programa de autodeportación para los inmigrantes indocumentados y que establecía que aquellos que permanezcan en Estados Unidos enfrentarán duros castigos, incluyendo la deportación inmediata, en el lugar y la forma que determinen las fuerzas de seguridad responsables.
También ha sido una respuesta a la actualidad la orden ejecutiva firmada el pasado 30 de junio que suavizó las sanciones a Siria con el objetivo de reconstruir un Oriente Medio más estable y cortar la influencia de Irán y Rusia. La reapertura de ciertos canales económicos que propicia esta orden marca un giro estratégico con implicaciones de gran alcance.
Con ser importante todo el trabajo relacionado con las órdenes ejecutivas, no lo es todo. Ahora el presidente Trump está trabajando en coordinación con los republicanos del Congreso para la codificación en ley de todas las órdenes ejecutivas que ha firmado. En concreto, 157 órdenes ejecutivas y 62 proclamaciones, según datos del Registro Federal, lo cual supone el ritmo más rápido que el de cualquier presidente moderno, que firmaron un promedio de 55 órdenes al año, según datos recopilados por el Proyecto de la Presidencia Estadounidense.
El proceso de elaboración y firma de ordenes ejecutivas siempre está bajo la supervisión del secretario de gabinete de la Casa Blanca, Will Scharf, quien es responsable de gestionar las órdenes que llegan al Despacho Oval, las cuales son firmadas públicamente y con máxima transparencia.
El reto ahora es la aprobación de proyectos de ley, ya que el presidente Trump sólo ha firmado cinco en los primeros 100 días de esta segunda presidencia. La firma del proyecto de presupuesto Big Beautiful Bill este pasado viernes, tras su aprobación en la Cámara de Representantes y el Senado es, sin duda, otra de las grandes victorias del presidente, ya que articula en ley muchas de las políticas y promesas de la agenda America First, libera todo el potencial de crecimiento de Estados Unidos, permitirá el fortalecimiento de la clase media y con un crecimiento estimado por Tax Foundation del PIB del 1,5-2% podría reducir el déficit en 900.000 millones de dólares mediante un aumento de los ingresos, al mismo tiempo que recorta 1.6 billones de dólares en despilfarro gubernamental y reducción de burocracia en favor de la seguridad fronteriza, la modernización de la defensa y los recortes de impuestos, entre otros temas vitales.
La aprobación de la Big Beautiful Bill marca una victoria indudable para la soberanía económica y la disciplina presupuestaria estratégica. Redirigir billones de dólares de la burocracia y los subsidios globalistas hacia los trabajadores estadounidenses no es sólo una política de Trump, sino una declaración de independencia tras décadas de decadencia.














