Donald Trump es el presidente de la paz y la prosperidad
Los ciudadanos tenemos en Donald Trump al presidente más favorable a la paz en décadas, pero los medios de desinformación y manipulación siguen empeñados en su guerra particular por denostarlo y ridiculizarlo, sin concederle el mérito que merece. ¿Esto importa? Obviamente, a los ciudadanos bien informados y que conocemos lo que ocurre en realidad no nos importa en absoluto lo que un puñado de medios y periodistas resentidos y amargados piensen o dejen de vomitar cada día. Aquellos medios y prensa objetiva e independiente sí que está valorando en su justa medida la acción de gobierno de Trump.
Ya podemos afirmar que, bajo la Administración republicana, el tiempo de las guerras interminables ha terminado, y que el presidente Trump está ofreciendo una estrategia renovada para alcanzar la paz basada en la fuerza militar, económica, cultural y comercial. Una estrategia que busca resultados y no implicarse en conflictos eternos. El compromiso de Trump con la paz está transformando el mundo y, sí, es un proceso lento y a veces parece que no avanza, pero lo está haciendo de forma sólida, tanto en Oriente Medio como en Ucrania, dos de los escenarios más convulsos, mediante las negociaciones abiertas, tanto las oficiales como las que no lo son. El presidente Trump está restableciendo el orden mundial que se había roto con la Administración Biden, que dejó un mundo al borde del colapso y de la Tercera Guerra Mundial. Los ciudadanos probablemente nunca sabrán lo cerca que estuvo esa guerra de producirse y que habría sido una realidad de no llegar Trump a la Casa Blanca. O bien lo sabrán dentro de unos años.
Lo cierto es que, por primera vez en décadas, un presidente estadounidense está priorizando la paz y la prosperidad, no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo, por encima de las guerras interminables. Incluso ha abierto canales de negociación con Irán y Siria para resolver los conflictos y evitar que se hagan con armas nucleares y dejen de apoyar a terroristas. Un esfuerzo loable que tampoco ciertos medios del establishment mediático valoran.
El histórico discurso de Trump en Arabia Saudí hace unas semanas será un referente de su política exterior. Denunció sin pelos en la lengua a las élites del establishment político que han manejado la política exterior de este país y que fallaron a la región durante décadas y a los propios Estados Unidos. Al elogiar la transformación histórica de Arabia Saudí y otros países el Golfo, Trump lanzó una dura crítica a la mentalidad y la estrategia intervencionista que ha definido la política estadounidense durante años.
Trump apuntó con una sinceridad valiente que es crucial que el mundo entero sepa que esta gran transformación no proviene de intervencionistas occidentales ni de personas que vuelan en aviones e intervienen en programas de radio o TV dando conferencias y lecciones que nadie les ha pedido sobre cómo vivir y cómo gobernar sus propios asuntos. Trump, que si por algo se caracteriza es por decir las cosas claras y directamente, dejó al descubierto el legado de fracaso de esas políticas intervencionistas que han devastado la economía de Estados Unidos y miles de vidas estadounidenses. Trump, con ese verbo florido que Dios le ha dado, apuntó con desparpajo: “No, las relucientes maravillas de Riad y Abu Dabi no fueron creadas por los llamados constructores de naciones, los neoconservadores ni las organizaciones liberales sin fines de lucro como las que gastaron billones y billones de dólares en el fracaso del desarrollo de Kabul, Bagdad y tantas otras ciudades”. En cambio, Trump le dio crédito “a la gente que vive allí, que construyó sus países sin sermones ni ocupación, a la gente que está en sus propias naciones y las han construido con esfuerzo y talento, desarrollando sus propios países soberanos, persiguiendo sus propias visiones y forjando sus propios destinos a su manera. Al final, los llamados constructores de naciones destruyeron muchas más naciones de las que construyeron, y los intervencionistas intervinieron en sociedades complejas que ni ellos mismos entendían. Te decían cómo hacerlo, pero no tenían ni idea de cómo hacerlo ellos mismos. ¿Y cuál es la clave del verdadero progreso? La paz, la prosperidad y el progreso no surgieron de un rechazo radical de su herencia, sino de abrazar sus tradiciones nacionales y ese mismo legado que tanto aman”.
Es sólo un fragmento de un discurso brillante que, como tantos otros de Trump, los grandes medios silencian porque se les rompe el relato anti Trump y deja entrever el valor de las ideas del presidente. Un discurso muy aplaudido con el entendimiento tácito compartido de que es necesario reconstruir la región y el mundo en los propios términos de los países implicados. En Arabia Saudí fue donde el presidente extendió una mano amistosa, pero firme, a Irán, y lo hizo así: «Estoy aquí hoy no sólo para condenar el caos pasado de los líderes de Irán, sino para ofrecerles un nuevo camino mucho mejor hacia un futuro mejor y más esperanzador».
Trump dejó claro que no se trataba de rencores, sino de darle a Irán la oportunidad de pasar página: “Nunca he creído en tener enemigos permanentes. Soy diferente a lo que mucha gente cree. No me gustan los enemigos permanentes”. “Como lo he demostrado en repetidas ocasiones, he votado para poner fin a los conflictos pasados y formar nuevas alianzas para un mundo más estable, incluso si nuestras diferencias pueden ser muy profundas, como lo son en el caso de Irán”. Luego pronunció una frase histórica que puede revolucionar el mundo: “Quiero llegar a un acuerdo con Irán”. Las acciones y declaraciones del presidente si Irán elige el terrorismo en lugar de la paz, han sido muy claras: “No tendremos más opción que ejercer una presión masiva y reducir a cero las exportaciones iraníes, como hice antes”. “Irán nunca tendrá un arma nuclear”. La elección es sencilla: paz o colapso económico total.
Al concluir aquel discurso, Trump transmitió un mensaje poderoso: “Como presidente de los Estados Unidos, mi preferencia siempre será la paz y la colaboración, siempre que esos resultados puedan lograrse”. Después abordó el legado de quienes lo precedieron, de aquellos que usaron el poder estadounidense no para proteger la libertad, sino para imponer una ideología: “En los últimos años, demasiados presidentes estadounidenses se han visto afligidos por la idea de que es nuestro trabajo examinar las almas de los líderes extranjeros y utilizar la política estadounidense para impartir justicia por sus pecados”. “Les encantó usar nuestro poderoso ejército”. Pero para Trump, ese poder es un elemento disuasorio, no una herramienta de destrucción. La guerra es fácil. La paz requiere coraje. Y ese es el camino que Trump está eligiendo para Estados Unidos.
En vez de malgastar dinero de los contribuyentes en inútiles guerras extranjeras, el presidente Trump está reconstruyendo Estados Unidos, atrayendo inversiones billonarias de todo el mundo, propiciando la creación de empleo, impulsando la reducción de impuestos, garantizando la seguridad fronteriza y la independencia energética. La nueva política de Trump, basada en la paz, la fortaleza y la prosperidad, funciona muy bien para el país y los ciudadanos. Una política realista que realmente hará de América una nación grande otra vez.













