Trump aplica con éxito su Doctrina Donroe en Venezuela
La brillante captura del narcodictador venezolano Nicolás Maduro es el ejemplo más reciente de la aplicación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de la Administración Trump, que se centra en priorizar los objetivos estadounidenses a nivel global, pero también está muy comprometida con la defensa activa de los intereses estadounidenses en el hemisferio occidental. De acuerdo a esta estrategia, Estados Unidos aumentará su presencia militar en el continente americano y reducirá la influencia china, rusa, cubana e iraní. Eso ha empezado en Venezuela, pero no termina aquí. Groenlandia es otro objetivo prioritario por su situación geoestratégica y sus recursos naturales.
La Operación Determinación Absoluta, que permitió la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cillia Flores para su traslado a Estados Unidos y ser juzgados por narcoterrorismo, refleja un cambio en la política exterior estadounidense, con implicaciones que van mucho más allá de Venezuela. Así, la decisión del presidente Trump de arrestar a Maduro y propiciar una transición democrática es la aplicación práctica de su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), que prioriza la defensa del territorio estadounidense y del hemisferio occidental. Cabe destacar que esta ESN también forjó una «Doctrina Trump», al estilo de la Doctrina Monroe, ya conocida como Donroe, que es el mayor reajuste de la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, y que cita la actividad maliciosa de «potencias extra hemisféricas» como una grave amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y marca una estrategia geopolítica para expulsar el intrusismo comunista y socialista en los países de América, y restaurar la soberanía hemisférica.
Por lo tanto, esta operación en Venezuela debe entenderse también como parte del enfoque de seguridad nacional del presidente, que incluye también la adquisición de Groenlandia, sus llamamientos a retomar el control estadounidense sobre el Canal de Panamá y los planes para detener el flujo del narcotráfico y la inmigración ilegal. En cada uno de estos casos, la influencia china, cubana, rusa o iraní, han jugado un papel importante en avivar la preocupación de la Administración Trump. Así, empresas chinas poseen instalaciones clave a lo largo del canal de Panamá. Rusia y China llevan a cabo actividades militares cerca de Groenlandia y en el Alto Norte. Pekín, Moscú y Teherán mantienen una gran influencia en Venezuela. Con la captura de Maduro y Cillia, Trump envía una señal firme de que aplicará la Estrategia de Seguridad Nacional sin dudarlo y de que está preparado para actuar con rapidez para hacer cumplir la Doctrina Donroe.
Las ambiciones de los regímenes chino y ruso en el hemisferio occidental han preocupado desde hace mucho a la Administración Trump, cuyos intereses en la región se han vuelto más amplios y su tono cada vez más beligerante al defender a gobiernos títeres. Por ejemplo, China apoya activamente al régimen cubano, que lleva a cabo acciones desestabilizadoras y ha sido un apoyo crucial del narcorégimen venezolano, incluso manteniendo un puesto de vigilancia en la isla a sólo 145 kilómetros del territorio estadounidense. Con Pekín intensificando sus esfuerzos para extender la diplomacia económica coercitiva por todo el hemisferio y su interés público en el acceso naval de África Occidental al Océano Atlántico, la Doctrina Donroe es el elemento clave para desarticular ese entramado de intereses chinos.
Es necesario destacar que, bajo la Doctrina Donroe, puede haber algunos puntos de conflicto entre Estados Unidos y grandes potencias rivales como China, la Unión Europea, o Rusia, debido a nuestros objetivos a nivel global, y específicamente si tenemos en cuenta los intereses estadounidenses en el hemisferio occidental. En todo caso, la Estrategia de Seguridad Nacional está en desarrollo y la Administración Trump ampliará la definición geográfica del hemisferio para aplicar la Doctrina Donroe. Al afirmar que el hemisferio se define en términos generales como las Islas Aleutianas hasta Groenlandia y el Ártico norteamericano hasta la Antártida, con América Central, América del Sur y el Caribe entre ambos extremos, e incluyendo los accesos del Pacífico y el Atlántico al hemisferio, la Administración podría efectivamente confinar la región, impidiendo la intrusión de China, Rusia, Irán, y otros países.
De cara a hacer operativa la defensa hemisférica en el futuro, la Administración Trump ampliará el despliegue rotatorio y permanente de recursaos militares terrestres, navales, aéreos y de la Guardia Costera en el hemisferio. Mientras se trabaja para reposicionar las fuerzas estadounidenses desde sus bases tradicionales en Europa y Oriente Medio, necesitamos expandir o reabrir simultáneamente las instalaciones estadounidenses en Puerto Rico y las Islas Vírgenes Estadounidenses, entre otros lugares. También se buscará establecer o ampliar acuerdos de acceso rotatorio o permanente con socios estadounidenses como El Salvador, Ecuador, las islas caribeñas holandesas de Aruba y Curazao, Guyana, Trinidad y Tobago, entre otros muchos.
Además de estos países, la Casa Blanca buscará un acuerdo más amplio con Costa Rica, que carece de un ejército permanente y actualmente permite el acceso militar estadounidense caso por caso. Un nuevo acuerdo con Costa Rica podría asemejarse a los acuerdos integrales de defensa que Estados Unidos mantiene con socios insulares del Pacífico como las Islas Marshall, Palaos y Micronesia. De igual manera, mientras la Administración explora sus opciones en relación a Groenlandia, se solicitará un acceso ampliado a la isla en virtud del acuerdo de defensa de 1951 y comenzaremos a posicionar allí activos de guerra antisubmarina y entrenamiento ártico para contrarrestar la actividad china y rusa en el Ártico.
De forma paralela, la Administración Trump aprovechará estos cambios en la estrategia nacional para disuadir las actividades extranjeras con un perfil hostil a Estados Unidos y promover los intereses estadounidenses en el hemisferio. Una mayor presencia estadounidense en la región ayudaría, entre otros resultados, a disuadir la colaboración china y rusa con el régimen cubano, que ha sembrado de pobreza y desestabilización toda Hispanoamérica durante décadas. Ampliar la presencia estadounidense en Costa Rica y el Caribe holandés ayudaría a garantizar el acceso al Canal de Panamá mientras la Administración busca soluciones más amplias a la influencia china. Además, una mayor presencia de la Guardia Costera y la Armada de Estados Unidos en el Caribe ayudará a combatir el narcotráfico y la inmigración ilegal, que representan una amenaza directa para el territorio estadounidense. El aumento de los activos estadounidenses en Groenlandia y su eventual control y adquisición contribuiría a la seguridad del Ártico y asegurar la explotación adecuada de recursos vitales en el futuro.
De momento, la operación de Trump en Venezuela ha cambiado el panorama estratégico mundial, sorprendido al mundo, enviado un mensaje contundente a los rivales estadounidenses en Pekín, Moscú, La Habana y Teherán, y pateado el culo a todos los izquierdistas radicales en todo el mundo. Es sólo el punto de partida para una renovación de la estrategia de seguridad nacional y una mejor y más activa protección y defensa de los intereses de Estados Unidos.
Durante décadas, el establishment político y mediático les vendieron a los estadounidenses, y al mundo, que la fuerza militar era para difundir la democracia, no para defender intereses. La doctrina Donroe de Trump pone las cosas claras y reserva la intervención militar para circunstancias en las que los estadounidenses se benefician y los intereses de Estados Unidos deben priorizarse.















