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Obama y las Comisiones Militares


Después de hacer campaña electoral con el tema y usarlo para desgastar al anterior gobierno de George W. Bush, el Presidente Obama ha tenido que rectificar y dar marcha atrás en una de las decisiones populistas que tomó recién aterrizado en la Casa Blanca, la anulación de las Comisiones Militares para juzgar a los prisioneros de Guantánamo.
Los mismos que jaleaban al entonces candidato Demócrata y luego al recién elegido Presidente, son los que ahora callan o miran para otro lado. Los mismos que usan un doble rasero de medir para Obama y otro para Bush. Los mismos falsos e hipócritas.
Vaya por delante que considero acertada la decisión de Obama de volver a abrir las Comisiones Militares. Los que desde siempre las hemos defendido, tanto durante la Administración Bush, como ahora con Obama, nos felicitamos por esta medida tomada por el Presidente, que ha escuchado a los asesores que veníamos apoyándola, y ha comprendido cabalmente lo que se juega en este tema, que afecta directamente a la Seguridad Nacional.

Hay que decir alto y claro que toda esa manipulación que usó el propio Obama, el Partido Demócrata y los medios de comunicación afines, en torno al tema de Guantánamo y los Tribunales Militares, se vuelve en cierta medida en su contra, porque la realidad es tozuda y ahora, como Presidente, debe tomar las decisiones acertadas y dejarse de populismos y demagogias. Reinstaurar las Comisiones Militares, con amplia historia y fundamento jurídico en Estados Unidos, para juzgar a los “combatientes ilegales” detenidos más peligrosos es lo acertado.

Como acertada es la decisión del Presidente de nombrar al general Stanley McChrystal como Comandante en jefe de las tropas norteamericanas y de la OTAN en Afganistán. El que fuera jefe del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC) entre 2003 y 2008, es la persona idónea para impulsar la estrategia de la Administración Obama en Afganistán, como ya hiciera con éxito en Iraq durante la presidencia Bush. Un hombre que sabe cómo usar perfectamente las Operaciones Especiales para lograr objetivos de interés nacional. Una buena elección.
Estas decisiones, junto con la no divulgación oficial de fotografías de antiguos abusos y/o humillaciones a prisioneros de guerra en la cárcel de Abu Ghraib (un tema sobre el que ya se depuraron responsabilidades), nos hablan de un Obama que trata de hacer lo adecuado en interés de los Estados Unidos. Decisiones que no gustarán a un sector de la prensa y la opinión pública, pero que son correctas. En cualquier caso, decisiones que no le serán contestadas con la dureza y la campaña mediática en contra que tuvo que soportar Bush, aun cuando sean básicamente la misma política. Y esto dice mucho más en contra de esos medios de comunicación y esa opinión pública que de Obama. Que, al fin y a cabo, es un político y el Presidente que intenta gobernar en asuntos nada fáciles.

¿Esto significa que el Presidente Obama lo está haciendo todo bien? En absoluto. Su masivo intervencionismo en las entidades financieras y la expansión sin límites del Estado y el gobierno, han elevado la deuda nacional hasta límites impensables, y cuyas consecuencias podrían ser catastróficas si los planes de la Administración no salen como piensan los que han ideado esta política económica. La injerencia en el sistema bancario y financiero debe ser temporal, y más vale que lo sea por el bien de este sistema.
La actuación de Obama al invertir dinero a espuertas en sectores como la educación, la sanidad o energías alternativas, no es mala en sí misma, incluso es necesaria, pero sí lo es que todo el peso recaiga en el sector público y en los contribuyentes.
Confiemos en que una vez más el Presidente Obama escuche a quien le venimos pidiendo mesura y mayor contención en sus planes de intervención pública y amplíe el margen de actuación al sector privado y la iniciativa individual, más conforme con la tradición, los valores, y la herencia americana compartida por millones de ciudadanos. Una demanda que cada vez es apoyada por más gente.

Estados Unidos no se puede permitir prescindir de las claves que lo han convertido en el mejor país del mundo en tantos aspectos. Es preciso una convergencia de ideas y proyectos que posicionen al país de nuevo como la gran locomotora de la economía mundial que siempre ha sido, pero sin hipotecarlo por generaciones, ni hundirlo en una deuda descomunal, y mucho menos aumentar el Estado hasta límites desproporcionados.
Obama se mueve en ese espacio que lo puede convertir en un gran Presidente o un Presidente lamentable. Está en su mano corregir los fallos, como ha hecho con las Comisiones Militares. Sobre Guantánamo, aún le quedan unos meses para tomar una decisión que responda a los intereses del país, y no de su Partido o de un sector de la opinión pública y la prensa que sólo saben manipular con fines ideológicos. El Congreso le está dando ese empujoncito necesario negándole los fondos para cerrar el penal caribeño. Porque es preciso un buen plan sobre lo que se hará con esos “combatientes ilegales” antes de proceder a su clausura.
Respecto al intervencionismo económico, se va a convertir, ya lo ha hecho, en su decisión de más calado a largo plazo. O profundiza o da marcha atrás. Haga lo que haga, una nación entera le observa y le juzgará en las urnas por ello.




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