Trump recupera el liderazgo energético de EE. UU
Desde el inicio del segundo mandato del presidente Trump, su plan para recuperar el liderazgo energético de Estados Unidos ha sido sencillo: hacer que las empresas inviertan dentro del país, en los trabajadores y las fábricas estadounidenses. Para ello ha seguido el manual de reducir impuestos, eliminar regulaciones innecesarias y liberar todo el potencial energético para convertir a Estados Unidos en la gran potencia industrial y tecnológica del siglo XXI.
El resultado unos meses después no deja lugar a dudas: Estados Unidos ha recuperado la independencia energética. Para consolidar este dominio, Trump trabaja intensamente para que el Congreso derogue las prohibiciones de minería y perforación impuestas por Biden en Alaska, Montana y Dakota del Norte. Los proyectos de ley están en el escritorio del presidente Trump, donde serán firmados como ley en pocos días. El Senado aprobó tres resoluciones:
✅ H.J. Res. 104 – Montana
✅ H.J. Res. 105 – Dakota del Norte
✅ H.J. Res. 106 – Alaska
Cada una de ellas anula las reglas de “gestión de tierras” de la era Biden que cerraron el desarrollo de carbón, petróleo y minerales en millones de acres sin una buena razón. Trump aprobará todas ellas.
En Montana, el senador Steve Daines declaró que su proyecto de ley pone fin a la “desastrosa” prohibición del carbón de Biden y desbloquea todo el potencial energético de Montana, cuya región este verá nuevas oportunidades de arrendamiento de carbón y empleos en la minería, impulsando tanto las economías locales como la manufactura de EE. UU.
En Alaska, el representante Nick Begich lideró la iniciativa. Su proyecto de ley revoca una prohibición de 3.600.000 acres impuesta por Biden en el Yukón Central. Lo calificó como “un paso hacia la restauración del derecho de Alaska a la autodeterminación”. Trump ya apoyó esta iniciativa al reactivar el proyecto de cobre Ambler Road.
En Dakota del Norte, el proyecto de ley del senador Kevin Cramer puso fin a las restricciones sobre la perforación y la expansión del carbón cerca de los sitios existentes. Declaró que “reafirma la autoridad del Congreso y recuerda a los burócratas que nuestros límites no son opcionales”.
El mensaje que lanzan estos estados es que los burócratas del gobierno no son los dueños de los recursos del país, el pueblo sí lo es.
La conclusión es que bajo la Administración Trump, el dominio energético de Estados Unidos ha regresado y la dominación de otros países ha terminado. Las inversiones estratégicas para potenciar la innovación nuclear estadounidense para llevar tecnologías avanzadas al mercado, también forman parte de este éxito. La Administración Trump está reorientando el gasto de forma responsable y aplicando políticas que fomentan la producción de energía estadounidense.
El presidente Trump está recuperando las industrias del petróleo, el gas, el carbón, las centrales nucleares, el cobre, el cobalto, etc, evitando la dependencia del extranjero, y con ello también los empleos estadounidenses. Sirva un dato como ejemplo: Estados Unidos duplicará las exportaciones de gas natural en los próximos cinco años. Este dominio energético permitirá que el Departamento de Energía devuelva más de 13.000 millones de dólares en fondos no utilizados de los contribuyentes estadounidenses al Tesoro de los EE. UU., inicialmente asignados para financiar la agenda de estafa verde y derrochadora de Joe Biden. En resumen, bajo el liderazgo del presidente Trump, los costes de la energía, los precios de la gasolina y los alimentos, las tasas de las hipotecas han bajado, y la inflación está controlada. Todo ello gracias a la política energética de Donald Trump, quien para mantener el liderazgo de Estados Unidos también en inteligencia artificial, ha permitido a los constructores crear sus propias plantas de energía, algo sin precedentes, que les permitirá generar toda la energía que necesitan, vender el excedente y construir nuevas y mejores instalaciones, una decisión clave para impulsar esta industria determinante.
De la mano del presidente Trump, estamos entrando en una nueva era económica en la que la energía, la IA y la actividad industrial impulsan el resurgimiento estadounidense.













