Sánchez y los medios utilizan a Trump para ganar popularidad en España
El presidente Donald Trump se ha convertido en el elemento recurrente para el presidente español Pedro Sánchez y los medios de desinformación y manipulación en España para ganar popularidad y apoyos entre los ciudadanos. No es algo nuevo, pero la intensidad con la que lo hacen va en aumento en la misma medida en que los éxitos de Trump se acumulan y su aprobación en Estados Unidos crece imparable.
La izquierda, la ultraizquierda y sus medios aliados no es la primera vez que recurren a esta estrategia, lo hicieron salvajemente durante la presidencia de Reagan, con George W. Bush, y casi siempre que hay un presidente republicano. No es extraño que vuelvan a este viejo truco de su manual de propaganda socialcomunista y de desinformación.
Ahora, es el presidente Sánchez quien utiliza la carta de Trump para avivar su menguante popularidad mientras lidia con las consecuencias de los numerosos casos de corrupción y los fracasos de su gestión al frente del gobierno y la pérdida de apoyos parlamentarios. Su posición de alinearse con China y los países BRICS en contra del presidente Trump, es una estrategia bien medida. El socialista sabe bien que el presidente estadounidense no es popular entre la mayoría de los españoles, de hecho el 81% lo ve desfavorablemente, según una encuesta de YouGov, y su postura puede granjearle apoyos. La impopularidad de Trump se debe en gran medida a razones ideológicas (hay una gran parte de ciudadanos de tendencia izquierdista), a la ignorancia y la desinformación de muchos españoles. Aunque existe un segmento de población mejor informada y que valora a Trump, no es precisamente el que vota al PSOE ni a los demás partidos de ultraizquierda, separatistas y bilduetarras que sostienen al gobierno de Sánchez. Por esta razón, para Pedro Sánchez recurrir a Trump es una carta popular. Es su manera de aferrarse al poder y tratar de sobrevivir al caos y al empobrecimiento de la sociedad que ha propiciado su gobierno socialcomunista. Desde su llegada a la Moncloa, vía moción de censura, su trayectoria ha estado plagada de escándalos, pero también de un indudable éxito en superarlos con desparpajo y cara dura. En cada crisis, ha sabido jugar sus cartas para continuar en el gobierno y mantenerse en el cargo. Poco importa que el hombre que prometió limpiar la corrupción ante Rajoy se vea envuelto en ella ahora de forma abrumadora. Para Sánchez, superar la realidad que lo rodea e imprimir su propia narrativa falsa, se ha convertido en su tarea fundamental para seguir como presidente, y ahí encaja su decisión de presentarse a la reelección.
El factor Trump ya es una de sus herramientas favoritas para seguir en la pomada y al posicionarse ante él, juega con la ignorancia y el desconocimiento de los españoles para aumentar su popularidad y tratar de ganar las elecciones cuando decida convocarlas. Para la mentalidad izquierdista española, desafiar a Trump es el no va más, aunque ello conlleve serias repercusiones para España y se debilite su papel internacional, como ya está sucediendo.
Este enfoque de enfrentamiento ideológico es básico y simplista, pero le podría funcionar para sobrevivir políticamente siempre que Trump no adopte medidas de represalia que ya ha sugerido: interrupción de los flujos de inteligencia compartida; aranceles sobre productos concretos españoles; aislamiento en la escena internacional (esto ya se está produciendo); ridiculización pública de sus posturas y políticas en eventos de todo tipo y en declaraciones a la prensa (algo que Trump ya ha hecho en varias ocasiones).
Es el riesgo calculado que ha decidido correr Pedro Sánchez, y que no es descartable que le funcione en alguna medida dado que las críticas a Trump son aceptadas por los españoles, sometidos a un lavado de cerebro continuo desde los medios para fomentar el odio y el desprestigio del presidente estadounidense.
Los llamamientos de Sánchez para elegir entre el «sanchismo» o la extrema derecha, como denomina a cualquiera que tenga un pensamiento libre y crítico, completa esa mano de cartas para intentar ganar lo que nunca ha ganado (la presidencia) y ha debido alcanzar mediante acuerdos con socios extremistas y separatistas. Que le funcione o no, está por ver, pero no es descartable ante una ciudadanía desinformada y manipulada. Sánchez ha redoblado sus esfuerzos ahora que se ve acorralado por los escándalos y la ineptitud de su gobierno, presentándose como un baluarte contra el auge de las políticas conservadoras de puro sentido común o de «extremismo de extrema derecha global», como él prefiere llamarlo para seguir haciendo hincapié en la división entre españoles e incitar a la agitación política y social que habitualmente da buenos resultados a la izquierda en España.
Lo malo es que no todo es retórica electoral y tacticismo político. Su acercamiento al régimen comunista de China coloca a España en una posición peligrosa y un alejamiento nada conveniente del tradicional aliado que es Estados Unidos. Es evidente que Trump y Sánchez están enfrentados en una amplia gama de temas, desde la inmigración, pasando por el gasto de la OTAN, los contratos con Huawei, las alianzas con China, Israel, y hasta las políticas energéticas, entre otros. Que ese enfrentamiento vaya a más o no dependerá de las ganas y el tiempo que tenga Trump para responder a tanto desatino del socialista español y de su interés en poner en su sitio a un Sánchez en modo chulo. A Sánchez le conviene esa polarización en España, pero no le interesa nada atraer la atención de Trump, que bien podría provocar el final de su carrera política de querer hacerlo.















