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Poyecto Aries

Los conocimientos que hemos adquirido en las últimas décadas nos han permitido conocer y determinar el alcance de la importancia de la naturaleza para los seres humanos, cuyos ecosistemas nos aportan calidad de vida y permiten el desarrollo económico de las sociedades.
Algunos de los beneficios que nos brinda la naturaleza están relacionados con el clima, nuestro bienestar, mediante el aporte de alimentos, materiales para construcción y medicinas, así como la absorción de dióxido de carbono, purificación del aire y el agua, la mitigación de inundaciones y sequías y la renovación del suelo. Un ecosistema nos proporciona servicios ecosistémicos gratuitos y duraderos. Por ejemplo, un bosque saludable desacelera el escurrimiento del agua y, en combinación con suficientes planicies de inundación, ayudan a proteger contra inundaciones.

Cuando se pierde la cobertura boscosa y se inundan las planicies, las inundaciones corriente abajo aumentan. Los daños causados por una inundación representan pérdidas para individuos, gobiernos y empresas y ante la degradación de la naturaleza, éstas deben incurrir en elevados costes para reparar o reemplazar los servicios ambientales que un ecosistema saludable nos proporciona gratuitamente.
Pese a todo ello, el valor que le damos a los ecosistemas está por debajo de su valor real. Es decir, el precio que puede tener una superficie con vegetación natural tiende a ser menor que el de una transformada, sin reflejar el valor de las funciones que sostiene nuestro verdadero bienestar. Así, cuando hay que tomar una decisión en donde el futuro de un ecosistema está en juego, generalmente lo hacemos sin ningún parámetro de cuánto estamos perdiendo con su transformación, que generalmente es para urbanizar.
Esto ha provocado la pérdida de un sinfín de recursos naturales y el aumento en los costes relacionados con el reemplazo de los servicios de ecosistemas perdidos.

Valorar la naturaleza es controvertido, pero también necesario en el mundo actual para protegerla mejor. Se hace necesario determinar qué ecosistemas son los que más nos interesan y llegar a acuerdos que garanticen su mantenimiento y supervivencia. En este proceso de valoración es esencial superar las dificultades técnicas y saber gestionar los datos obtenidos.
En ese sentido, los avances tecnológicos y científicos nos permiten encontrar herramientas muy útiles para quienes deben tomar decisiones y para la sociedad en general. Una de estas herramientas es el proyecto ARIES (Inteligencia Artificial para los Servicios Ecosistémicos), que fue financiado inicialmente por la National Science Foundation en Estados Unidos, y que facilita la elaboración de mapas con los servicios ambientales. Con ARIES podemos entender y cuantificar el valor del medio ambiente y cuáles son los factores que determinan dicho valor en una región geográfica determinada.
ARIES utiliza un software de agentes de “inteligencia” para recopilar, analizar y sintetizar conocimiento de diferentes fuentes. Estos agentes de «inteligencia» son más que programas convencionales, debido a que reaccionan a cambios de priorización y las selecciones del usuario, utilizando el razonamiento de la máquina para modificar la forma de operación e ir adaptando así el desarrollo del caso en estudio.

A diferencia de otros sistemas de evaluación basados en modelos determinísticos, ARIES utiliza modelos probabilísticos (redes de Bayes) cuyos resultados “honestos” incrementan la confiabilidad de las decisiones. Además, la clasificación de servicios ecosistémicos propuesta por ARIES, enfocada sobre todo a identificar a los beneficiarios de los servicios ecosistémicos, facilita una  mejor comunicación entre responsables, quienes toman las decisiones y la sociedad en general.
El grupo de colaboradores de ARIES está constituido por Conservation International, el Instituto de Ecología, A.C. (Centro Público SEP-Conacyt), la Universidad de Vermont, Earth Economics y el Basque Centre for Climate Change.
El proyecto ARIES es, en definitiva, un proyecto de inteligencia artificial orientado al mejor cuidado del medio ambiente con una base científica que cuantifica el valor de los ecosistemas.




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