Trump elimina DEI de los criterios de admisión en las academias militares
El presidente Donald Trump está recuperando el sentido común en sus acciones de gobierno. Una de ellas es especialmente importante porque impacta en la seguridad nacional de Estados Unidos y hace referencia a que las Academias Militares eliminan las cuotas raciales en sus criterios de admisión y los programas DEI. Es una consecuencia directa de las ordenes ejecutivas y directrices de Trump que está aplicando con rigor el secretario de defensa Pete Hegseth. Se trata de una victoria para el mérito y la preparación. Nuestras academias militares volverán a seleccionar líderes con base en la excelencia, no en criterios de identidad, género o raza. Más del 70% de los estadounidenses apoyan las admisiones sin discriminación racial. Gracias a Trump, West Point, la Academia Naval de los Estados Unidos, y la Fuerza Aérea de EE. UU (USAFA) se alinean de nuevo con la Constitución y el sentido común.
El presidente Trump lanza así un mensaje poderoso de que la raza no importa, de que lo que cuenta es el carácter, las habilidades y los méritos de cada uno. Esto ha impulsado el reclutamiento militar a sus cotas más elevadas en años y proclama que Estados Unidos necesita líderes, no cuotas artificiales.
El cambio en los criterios de admisión propiciado con valentía por el presidente Trump permitirá desmantelar las nefastas políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) en las fuerzas armadas, que han puesto en riesgo la seguridad y la defensa nacional.
La discriminación racial o por género simplemente está mal y este tipo de criterios no tienen cabida en las academias militares de nuestro país, que siempre deben buscar la excelencia y la competencia basada en los méritos y no realizar experimentos sociales.
En este contexto, el Departamento de Defensa declaró el pasado 11 de febrero que ya no permitirá el ingreso de personas transgénero al ejército y que dejará de realizar o financiar procedimientos de transición de género para los miembros del servicio. Ese mismo mes, el ejército anunció que comenzaría a expulsar al personal transgénero en servicio. Otra acertada decisión.
Por su parte, Gwendolyn R. DeFilippi, subsecretaria interina de la Fuerza Aérea para Asuntos de Personal y Reserva, emitió un memorando el 6 de febrero en el que declaraba que se habían eliminado de la rama militar las «cuotas, objetivos y metas basados en sexo, raza o etnia para la composición organizativa, la admisión académica, las áreas profesionales o la composición de las clases». La decisión de la Fuerza Aérea de eliminar la discriminación positiva en las admisiones se produce un mes después de que la Academia Naval también eliminara la consideración de la raza como factor de admisión.
Todo ello se produce a raíz de la firma por parte del presidente Trump de una orden ejecutiva el 27 de enero que prohíbe los programas de diversidad, equidad e inclusión en las fuerzas armadas. Una de las grandes decisiones que fortalecerá nuestras fuerzas armadas y volverá a colocarlas en vanguardia y no en material para chistes e incompetencia, que es lo que sucedía bajo la Administración Biden. Los datos reflejan esa realidad que puso a las fuerzas armadas en una precaria situación. Por ejemplo, de 2005 a 2023, el número de mujeres en servicio activo aumentó un 12%, mientras que el de hombres disminuyó en más de un 10%, según el Pentágono. Un tercio de los militares alistados en servicio activo provenían de minorías raciales en 2023, un porcentaje mayor que en 2010. El ejército estadounidense tuvo un déficit de reclutamiento de 41.000 hombres en 2024. Estas cifras del informe demográfico más reciente del Departamento de Defensa son precisamente las que quieren revertir las órdenes de la Administración Trump con el objetivo de recuperar unas fuerzas armadas verdaderamente operativas y capaces de librar las guerras modernas y reclutar talentos altamente cualificados. Si queremos reconstruir nuestro ejército, debemos restaurar la confianza en quienes consideren servir y prometerles que, si les pedimos que arriesguen su vida, estarán protegiendo realmente a nuestra nación.
No necesitamos programas DEI absurdos que debilitan nuestras capacidades defensivas, sino seleccionar a los mejores y más brillantes jóvenes de Estados Unidos para formar la fuerza de combate más preparada y letal del mundo, de modo que garanticemos así la seguridad de Estados Unidos.
Bajo la Administración Trump, se ha acabado la ingeniería social, las cuotas raciales, la confusión de género, el culto climático, y el resto de tonterías que los demócratas han incluido en los criterios de selección en los últimos años. De nuevo, tenemos unas fuerzas armadas concentradas en la misión de combatir y salvaguardar los intereses de Estados Unidos y su seguridad nacional. Con el presidente Trump como comandante en jefe, volvemos a destacar a líderes excepcionales, con una dedicación incansable y un férreo compromiso con esta nación, con una formación de pensamiento crítica y preparados para afrontar con garantías los desafíos de seguridad y defensa del futuro.
En estas renovadas fuerzas armadas del presidente Trump, tampoco sobran los patriotas que fueron expulsados durante la Administración Biden por mantener opiniones distintas y rechazar la vacuna experimental contra el COVID. 8.700 de estos militares serán reincorporados.
Las misiones de defensa también se amplían a la frontera. Ahora, la seguridad fronteriza es también seguridad nacional, y las nuevas directrices permitirán que nuestros militares hagan su trabajo y aseguren la frontera sur.
Además, los estándares sobre el mantenimiento de la forma física se revisarán. Los soldados y los líderes militares deben estar en forma, no gordos ni descuidados. Con el presidente Trump estamos impulsando unas fuerzas armadas que siempre deben buscar la excelencia. Para ello, los líderes deberán ser fuertes y disciplinados de modo que marquen la pauta de nuestra defensa nacional. Dentro de este grupo, los reclutadores juegan un papel decisivo y por eso las nuevas políticas de defensa los apoyan, de modo que ayuden a construir nuestra fuerza de combate y respuesta de élite a un ritmo rápido e histórico.
Las nuevas órdenes ejecutivas del presidente Trump ya están teniendo resultados visibles. El reclutamiento está en alza. Tras mínimos históricos, el reclutamiento del Ejército y la Infantería de Marina se ha recuperado. El Ejército ha informado de un aumento interanual del 10% en nuevos alistamientos y ha alcanzado el 85% de su meta de reclutamiento de 61.000 soldados para el año fiscal 2025 antes de lo previsto. También superó su objetivo de reenganche, reteniendo a 15.600 soldados, 800 por encima del objetivo, casi seis meses antes de la fecha límite del 30 de septiembre.
La Infantería de Marina alcanzó el 100% de sus objetivos de reclutamiento y la retención se disparó en todas las unidades en servicio activo. Esto sucede tras años de incumplir objetivos y desmoralización bajo un liderazgo demócrata politizado. Ahora, la moral es alta. Una encuesta reciente de la Corporación RAND muestra un aumento de 15 puntos en la satisfacción de las tropas en comparación con 2021, especialmente entre las unidades de combate. El regreso a los valores tradicionales y al enfoque en la misión impulsa el reenganche y la unidad.
Los estándares de calidad han aumentado. La Prueba de Aptitud Física para el Combate del Ejército (ACFT), antes diluida, se ha reformado para recuperar su desafío y propósito. Las exenciones para reclutas con bajo rendimiento se están reduciendo, no ampliando.
La eficiencia también ha aumentado. La burocracia inflada está bajo control y ha sido reemplazada por una racionalización centrada en el campo de batalla.
La influencia y liderazgo de Estados Unidos está en auge. Los ejercicios conjuntos con Filipinas y Taiwán han aumentado el 30% interanual. Más de 40.000 soldados están desplegados en diversas zonas de Europa del Este. En Medio Oriente, las misiones de disuasión regionales se han estabilizado y los ataques respaldados por Irán contra bases estadounidenses han disminuido un 60% desde el tercer trimestre de 2023.
La letalidad ha aumentado. El ejército estadounidense se está entrenando nuevamente para la guerra, no para talleres DEI ni tonterías socialistas. Los índices de preparación para el combate de CENTCOM e INDOPACOM mostraron un aumento del 20% en la preparación de las unidades con respecto a los niveles del año fiscal 2022. Finalmente, se está priorizando la inversión en tecnología hipersónica, defensa espacial, inteligencia artificial y ciberguerra. El espíritu bélico estadounidense que siempre ha ganado las guerras en las que hemos participado está en ascenso y se fortalece.
En resumen, la visión del presidente Trump para reconstruir las fuerzas armadas se basa en las siguientes premisas:
• Misión clara: Proteger los Estados Unidos
• Liderazgo fuerte
• Orgullo nacional
• Fronteras seguras
• Criterios de admisión sujetos a los méritos y la excelencia.
Esto nos permitirá recuperar la confianza nacional, atraer buenos soldados y hacer que Estados Unidos vuelva a ser fuerte, seguro y un líder sólido.













