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Registro Nacional de Riesgos Estratégicos

Desde 2011 hasta ahora hemos visto el auge de nuevas amenazas y riesgos para la seguridad nacional de Estados Unidos. Algunas de ellas tienen su origen en catástrofes de distinto tipo y ponen a prueba las medidas de protección civil que están vigentes en el país.
Ante la frecuencia de grandes catástrofes, la comunidad de inteligencia y científica estadounidense propuso a la Administración Obama la aprobación de una lista completa de riesgos susceptibles de provocar grandes catástrofes y los correspondientes planes de contingencia; entre los riesgos que se contemplan algunos de los más novedosos son los de las tormentas solares y las catástrofes naturales.
La Directiva Presidencial 8, que incluye hasta 23 riesgos que puedan derivar en catástrofes nacionales, está haciendo posible reordenar la Protección Civil con este nuevo mapa estratégico de riesgos actualizado, del que se viene concienciando a la población con intensidad desde 2011 y hasta ahora en sucesivas campañas informativas.

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Aunque los trabajos de evaluación por parte de Homeland Security y la Dirección Nacional de Inteligencia se concretaron en este nuevo Registro Nacional de Riesgos Estratégicos ya en 2012, la evaluación de amenazas que podrían desencadenar grandes catástrofes sigue activa al día de hoy porque representan actualmente algunos de los mayores riesgos a la seguridad nacional y precisan de planes actualizados.
La Directiva Presidencial 8 está suponiendo de hecho un cambio profundo en el sistema de Protección Civil de Estados Unidos, impulsado directamente por la Casa Blanca, no por FEMA (la agencia federal de gestión de emergencias), y reorganizando el mapa de las agencias federales encargadas de las catástrofes.

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El nuevo registro estratégico de riesgos nacionales clasifica en tres grandes categorías de amenazas para la seguridad nacional en razón de su origen:
1) Amenazas naturales:
Entre estas destaca la toma en consideración formal, por primera vez, del clima espacial definida como «la posible llegada de una llamarada solar formada por radiaciones electromagnéticas y partículas energéticas que pudiesen causar una interrupción de los servicios de luz, gas y agua a la población y dañar las infraestructuras críticas». Y junto a esta amenaza la toma en consideración de otros escenarios como una posible gran erupción volcánica en el área del pacífico, una inundación o terremoto a gran escala, y planes de contingencia para un gran tsunami que pudiese golpear las costas norteamericanas.
2) Amenazas de carácter tecnológico accidental:
Entre ellas las más clásicas, como la posibilidad de un grave accidente nuclear, pero también de forma destacada el escenario tras un grave accidente en una gran planta química «que resultase en una emanación a gran escala de productos de toxicidad aguda para los seres humanos».

3) Amenazas maliciosas de origen humano:
Entre estas hay una lista de posibilidades de acción terrorista por parte de algún “actor no estatal hostil” que van desde el empleo de armas biológicas, a un ataque cibernético coordinado contra la red de infraestructuras nacionales, hasta diversos usos posibles de material nuclear contra la población, o un asalto armado directo contra algún objetivo vulnerable o icónico.

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Junto a la actualización de las amenazas y riesgos, el trabajo se está centrando ahora en la elaboración de protocolos de acción, planes de gestión de emergencias, el entrenamiento de personal específico para estas situaciones de catástrofes y la protección de instalaciones nucleares, eléctricas, de comunicaciones y otras infraestructuras altamente sensibles.

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