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Economía y Ecología

Los mercados económicos y financieros son algunas de las herramientas más potentes de crecimiento y desarrollo que conocemos. Gracias a ellos hemos logrado el progreso para millones de personas en todo el mundo. Su enorme fuerza creativa necesita encauzarse de forma adecuada para servir a los intereses de la Humanidad desde una perspectiva humana y moral y no meramente económica, que no lleva a ninguna parte.
Los mercados ya juegan un papel destacado en la preservación de los ecosistemas, que es uno de los objetivos más loables que podemos encontrar. Y lo hace desde la premisa tan capitalista del beneficio, pero que en este caso beneficia a la causa de la biodiversidad y la concienciación medioambiental. Porque economía y naturaleza no tienen por qué ser enemigas ni mucho menos sino aliadas.
Los bancos de biodiversidad o mercado de ecosistemas representan esa oportunidad de desarrollo respetuoso con el medio ambiente; un sistema impulsado en la década de los ochenta en Estados Unidos y que actualmente se extiende a otros países.
Estos bancos nacieron para compensar de alguna forma los daños provocados a los ecosistemas y a las especies que los habitan; y para conseguirlo mantienen entornos naturales similares a los dañados en otras zonas. Esta idea nació con el objetivo del mantenimiento de las zonas húmedas en Estados Unidos, impulsada por la Ley de Agua Limpia de 1972 y la Normativa del Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense.

En este país cualquiera que quiera construir o dragar un humedal que se considere de interés nacional, está obligado a pedir un permiso a la agencia de Protección Ambiental y al Cuerpo de Ingenieros. Una de las condiciones que se exigen para obtener el permiso es que haya garantías de que la construcción no daña el humedal o, en caso de que el daño sea inevitable, que el constructor compense ese perjuicio creando o recuperando un humedal similar, de la misma extensión o mayor. La misma empresa constructora puede realizar esta tarea o pagar a otros para que lo hagan. Es aquí donde entran en juego los bancos de ecosistemas, que son una red de empresas y organizaciones dedicadas a restaurar y conservar humedales y que venden mediante el sistema de créditos. De acuerdo con los datos de la organización Ecosystem Marketplace, en Estados Unidos hay hasta 122 bancos de conservación en 14 estados, dedicados a proteger 89 especies de animales y plantas, y 50 tipos de hábitats. Los hábitats conservados son de todo tipo: bosques, playas, humedales, chaparrales (ecosistemas de arbustos), e islas, entre otros. Algunas de las especies conservadas en estos hábitats son el zorro de San Joaquín, el perrito de la pradera (Cynomys ludovicianus), el cactus Bakersfield y la lagartija chata leoparda (Gambelia sila), la mosca Rhaphiomidas terminatus abdominalis, que es una polinizadora esencial de su ecosistema (en las dunas de Delhi Sand, en California, el único lugar donde habita; de ahí su nombre en inglés, «Delhi Sands Flower-loving Fly«), y que está en peligro de extinción, entre otras.
Para establecer el precio de lo que cuesta una especie o un hábitat en concreto, lo normal es aplicar una fórmula mixta en la que las administraciones establecen mediante normas qué especies o hábitats están protegidos y la compensación por su daño. Después, el valor económico de la compensación lo determina la oferta y la demanda. Es decir, el mercado libre.

Es un sistema que beneficia no sólo a los ecosistemas sino también a los propietarios de tierras que legalmente no pueden hacer nada en ellas porque albergan especies protegidas, al proporcionarles una compensación económica cuando venden en forma de créditos su trabajo de conservación del territorio. Se trata de una excelente manera de incentivar la conservación de esas tierras de especial valor ecológico y evitar que se acaben buscando formas más que dudosas de edificar en zonas de interés medioambiental.
Un informe de Ecosystems Marketplace señala que el mercado de la biodiversidad, que va en aumento, representa cada año un volumen económico de 3.400 millones de dólares, una cantidad que podría aumentar hasta los 4.500 en este 2010. Casi todas las transacciones de estos bancos de biodiversidad tienen lugar en Estados Unidos, pero cada vez hay más países interesados en este sistema. La condición para impulsarlos es que haya una normativa legal que obligue a compensar la pérdida de biodiversidad, de forma que favorezca el comercio de créditos de compensación.
Así, países como Australia ya han lanzado su programa BioBanking de compensaciones. En Brasil existe otro sistema nacional de unidades de conservación y de regulación de los bosques, que marca compensaciones para los daños sobre las zonas forestales. En lo que respecta a Europa, está vigente la Directiva sobre la conservación de hábitats naturales y de la fauna y la flora.

En línea con estos bancos de biodiversidad, combinando economía y ecología, encontramos también el mercado de las emisiones de CO2, que contempla como una de las formas de compensar las emisiones con la reforestación. Este mercado, por ejemplo, movió en 2008 en todo el mundo, hasta 118 mil millones de dólares, alrededor de 150 mil millones en 2009 y 200.000 millones en 2010.
Son fórmulas económicas de los mercados para compensar los daños a los ecosistemas y que debemos potenciar en la medida de lo posible para que la creatividad capitalista también beneficie a la naturaleza y no sólo las cuentas corrientes de unos pocos.




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