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Veteranos hispanos

Estados Unidos sigue siendo el país donde se concede un protagonismo destacado y especial a los veteranos militares, sin duda porque el país y la sociedad en su conjunto sienten que se lo deben a los soldados que han luchado en la guerra. Una deuda real impagable pero que puede ser honrada con gratitud de muchas formas.
El Día de los Caídos, el 31 de mayo, es la fecha en la que rendimos homenaje a los soldados que dieron su vida por la patria. Y es perfectamente noble y adecuado que esto sea así, pero también hay que ser realista y reconocer que muchas veces dejamos pasar la oportunidad de rendir tributo a los veteranos que siguen con vida y peleando por ocupar su puesto en la sociedad. Que con enorme frecuencia olvidamos rendir ese tributo una vez pasada esta fecha y caemos en la injusticia, el abandono y el olvido.

En el caso de los veteranos de guerras ya lejanas, como la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea, Vietnam o el Golfo Pérsico, o de las más cercanas en el tiempo, como la de Iraq y Afganistán, encontramos el caso de los veteranos hispanos, que participaron por miles en los conflictos bélicos, pero que no siempre lograron los méritos, reconocimientos y condecoraciones que merecían, a menudo marginados y discriminados. La sociedad en su conjunto tiene una deuda con esos veteranos que lo dieron todo y arriesgaron sus vidas para que los demás pudieran vivir y trabajar en libertad.
Hay estudios oficiales para determinar el valor de los veteranos durante las guerras, en los que se determina si algunos soldados fueron o no merecedores de la Medalla de Honor del Congreso; estudios que se centran en los blancos, asiáticos o negros. Pero no sobre los hispanos aun cuando son éstos quienes han combatido con enorme valor y por millares en todas las guerras de Estados Unidos. Lo que pone de manifiesto que sea el grupo minoritario étnico que cuenta con mayor número de Medallas de Honor, 38. El reconocimiento y la compensación suponen una situación que debe ser corregida cuanto antes y que los líderes políticos deberían llevar en su agenda como una medida prioritaria. Los votantes, en especial los hispanos, también deben contemplar que sus candidatos defiendan el impulso a medidas que reconozcan la valía de las acciones de los veteranos hispanos y que rindan honor a aquellos que lo dieron todo por la libertad de este país. Es un compromiso ineludible que no debe caer en el olvido y que debe sustanciarse en medidas concretas.

Es justicia histórica para los veteranos y sus familias, y una cuenta pendiente de este país con los hispanos, que tanto han contribuido desde los campos de batalla a que la bandera de las barras y estrellas siga ondeando en libertad; a que este país haya seguido progresando.
Entre los veteranos se comenta a menudo que en la vida se pueden olvidar muchas cosas, pero jamás aquellas vividas bajo el fuego enemigo con tus hermanos de armas. Sería bueno que el país y la sociedad por los que lucharon todos los veteranos hispanos también los recuerden y rindan los honores que merecen, con el debido respeto y justicia para todos, ya sea para el veterano que luchó en la Segunda Guerra Mundial o en Vietnam o para los que dejaron sacrificios, salud, lealtad y sueños en Iraq y Afganistán.
El reconocimiento a los veteranos hispanos que combatieron, que aún combaten, por Estados Unidos y por el pueblo norteamericano, sigue siendo esa vieja cuenta pendiente que debemos pagar. Los veteranos ya pagaron con sacrificio y valor.
Rendir honores a los 1,1 millones de veteranos hispanos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos corresponde al resto de la sociedad y hacerlo cada día de mil formas distintas.




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