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Drones en Latinoamérica

En las guerras de Irak y Afganistán, así como en las operaciones militares en Pakistán, han intervenido en escenarios de combate de primera magnitud. Los aviones no tripulados, los famosos drones, se han convertido en una de las herramientas más útiles para Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo yihadista. Con sus radares, sensores, procesadores, transmisores, láseres y armamento bélico de última generación, que incluye artillería y misiles inteligentes, los drones son máquinas tecnológicas de alta precisión que pueden ser operadas desde las bases de Nevada o Virginia, u otras bases en escenarios conflictivos, por un equipo integrado por un piloto, un artillero y un oficial de inteligencia, capaces de atacar objetivos de todo tipo, ya sean individuos, edificios, instalaciones militares, etc , en cualquier parte del mundo.

Ahora también se está estudiando la posibilidad de emplearlos más intensivamente en América Latina en la lucha contra el narcotráfico y las guerrillas. Algo que podría hacer mucho daño a la industria de las drogas. Para ello no sólo se usarían los drones ya en servicio actualmente sino también una nueva generación a punto de salir al mercado. Por ejemplo, el «Lethal Miniature Aerial Munition System” (LMAMS), que es un mini-drone capaz de ser cargado a la espalda y armado por una sola persona en dos minutos, volar hasta 20 kilómetros en menos de 30 minutos, atacar el objetivo y luego autodestruirse.
La autonomía y la versatilidad de este avión dirigido podría revolucionar la guerra contra las drogas y los traficantes, haciendo posible la eliminación de objetivos hasta ahora inalcanzables y la obtención de información y datos de inteligencia vitales para luchar contra el narcotráfico de una forma más efectiva.

La guerra contra el narcotráfico es uno de los empleos que está siendo considerado para los drones en América Latina, pero no el único. Su intervención en esta parte del continente podría traer beneficios cuantiosos en términos de estabilidad democrática, lucha antiguerrillas, vigilancia medioambiental, cobertura a diferentes cultivos vitales y otras tareas de vigilancia y control.
Y es que el programa de drones estadounidense es polivalente, muy efectivo, útil, versátil, minimiza las bajas propias y maximiza las del enemigo. Es decir, una maravilla absoluta que se va a seguir utilizando a discreción y donde haga falta contra objetivos seleccionados.

Nota: Artículo dedicado con cariño y afecto a los miembros del Comité de Inteligencia del Senado.




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