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Tea Party Movement

Desde hace unos meses, el Tea Party Movement se ha convertido en la gran fuerza revolucionaria de la sociedad en Estados Unidos. La energía de sus miles de seguidores nace de la convicción ideológica de sus firmes valores conservadores, así como de que el presidente Obama está llevando al país por mal camino con sus políticas. Decenas de asociaciones de ciudadanos a lo largo y ancho del país, se han movilizado activamente y han puesto en el centro de atención no sólo las políticas más extremas de Obama, que rompen con conceptos norteamericanos que hicieron posible el progreso real de este país, como mantener un gobierno limitado o más libertad de mercado, sino también han puesto en evidencia el abandono o marginación de los auténticos valores conservadores por parte de quienes deben defenderlos en el Partido Republicano y, muy frecuentemente, los olvidan en la dinámica de la negociación política y el ejercicio del poder en Washington D.C.
La capacidad de movilización del Tea Party se ha convertido en la fuerza dinamizadora de la vida política en el país, poniendo en la diana los temas que verdaderamente importan a los ciudadanos comprometidos con los valores tradicionales estadounidenses. Esta capacidad es la que está permitiendo que un enorme movimiento conservador de base, en el que todos son líderes y que opera muy descentralizado, con gran autonomía, se alce como decisivo en las citas electorales que han de llegar y en la fuerza y el aliento de los candidatos que dicen defender valores conservadores.

El Tea Party, que está siendo censurado e identificado falsamente por los medios como un movimiento ultraconservador y fanático, no responde en realidad a esa definición. Hay miles de ciudadanos en este movimiento, quizá millones, personas críticas con las políticas de Obama, y que defienden con convicción y vehemencia los valores conservadores y del sentido común frente a los ataques furiosos y sectarios que provienen de cierta parte de la prensa y de algunos políticos. Es una coalición plural, sin líderes definidos, que nació en diversas partes del país poco después de que Obama asumiera la presidencia, y que según ha puesto de manifiesto una encuesta del diario The Washington Post y la cadena ABC, hay más simpatizantes que detractores de este movimiento, un 62% de la población considera que tiene una mediana o suficiente influencia sobre el Partido Republicano, un 52% cree que tiene mejor comprensión de los problemas que el Congreso, y el 47% tiene sus puntos de vista más cercanos al Tea Party que al Congreso. Cifras reales que nos hablan de un movimiento para nada radical o marginal y sí muy representativo de la clase media preocupada por su país.
En cualquier caso, sus miembros no se han vinculado con ningún partido político, y tienen votantes tanto Republicanos como independientes e incluso Demócratas moderados de tendencia conservadora. El grupo es, pues, diverso, y mantiene unas ideas muy claras respecto a la necesidad de un gobierno limitado, que gaste menos dinero y mejor de los contribuyentes, y que ponga fin a las políticas de Obama. Para impulsar estas ideas, se ha creado recientemente una Federación Nacional de Partidos del Té, constituida por veintiuna organizaciones de todo el país, que pretende organizar aún más este movimiento genuinamente estadounidense en conceptos y objetivos, ganando proyección e influencia.
El propio presidente Obama ha admitido que es un grupo de ciudadanos con preocupaciones legítimas sobre el gasto gubernamental, la deuda, el déficit, la expansión del gobierno federal, etc. Algunos deberían dejar ya ese discurso gastado para referirse al Tea Party como ultras. La realidad se está imponiendo.

La importancia de este movimiento social es aún mayor porque con su posicionamiento ideológico nítido y sin dobleces están marcando el camino que quieren seguir millones de ciudadanos comprometidos y responsables. El Tea Party ha encontrado en Sarah Palin una líder Republicana a la que respetan, que habla sin pelos en la lengua, pero sobre todo ha encontrado un discurso netamente conservador del que haría bien en nutrirse el Partido Republicano, ya que es su base natural y la que comparten millones de ciudadanos.
De la fortaleza del Tea Party nos habla su primera convención nacional a principios de febrero, en Tenneesse, y su influencia para apoyar a candidatos Republicanos. Siendo importante este movimiento, hay que apuntar que no es el único. También ResistNet o FreedomWorks, con más de 700.000 mil afiliados, o «Liberty Central«, organizado por Virginia Thomas, la mujer del Juez del Tribunal Supremo, Clarence Thomas, entre otros muchos, son grupos de ciudadanos conservadores que están dando la respuesta civil a las políticas de Obama y ejerciendo una labor de crítica que muchas veces algunos Republicanos no afrontan desde una perspectiva auténticamente conservadora. Todos forman parte del embrión de una nueva revolución conservadora que está en marcha y que pretende devolver a los Estados Unidos a sus principios fundacionales, los mismos que han demostrado su éxito a lo largo del tiempo, frente a las políticas expansionistas del gasto y la intromisión del gobierno que auspician los Demócratas de Obama. No son ciudadanos fanáticos, son ciudadanos conservadores con sentido común.

Todos estos movimientos ciudadanos, incluido el Coffee Party, proclive a los Demócratas, son la respuesta a unos políticos y partidos oficiales que se alejan de las inquietudes reales de los ciudadanos, de sus valores, y sus ideas. Son el germen de esa revolución social que se está gestando y que sorprenderá de aquí a poco tiempo. Que ya está sorprendiendo.
Para ver la tendencia ideológica de esta revolución sólo debemos mirar las estadísticas. Dos de cada tres ciudadanos se muestran molestos con el gobierno federal, ese gobierno que la Administración Obama ha agrandado enormemente y que sigue entrando en esferas de la vida privada de forma alarmante con nuevas regulaciones, reformas, etc.
Las próximas olas electorales proceden del conservadurismo de la clase media estadounidense, el único que puede dar un golpe de timón y volver a los Estados Unidos a la senda que lo convirtió en un país respetado, admirado, próspero, y lleno de oportunidades.
Queda por ver que la sociedad estadounidense en su conjunto decida el camino que ha de seguir el país, si el Tea Party y otros grupos similares se convierten en un motor de cambio, de una nueva revolución conservadora. Si lo hace, esa revolución necesariamente deberá ser construida sobre una nueva coalición conservadora que ponga en el centro de la atención las bases ideológicas del conservadurismo, pero afrontando también con rigor cuestiones actuales que requieren la máxima atención, como la respuesta a los desafíos internacionales a la seguridad nacional, la guerra contra el terrorismo, la sanidad, la inmigración, la educación, el déficit, la deuda, etc. Cuestiones relevantes a las que hay que dar respuesta urgente.

Los movimientos sociales conservadores, que entroncan directamente con la mejor tradición democrática de este país, tienen la clave del futuro inmediato. El Tea Party, esa organización que ha crecido de forma natural, con el boca a boca, a través de las redes sociales en Internet, de las estaciones de radio y televisión, en asambleas populares, mítines y manifestaciones de ciudadanos de todo tipo (desde obreros hasta ejecutivos, profesionales, médicos, amas de casa, empresarios, abogados, trabajadores industriales, financieros, o tecnológicos, veteranos, estudiantes, etc), se encuentra en el ojo del huracán de esta transformación de la política desde sus bases, desde los ciudadanos para arriba.
Por eso las elecciones legislativas de noviembre y las presidenciales de 2012 serán vitales. En ellas se juega el rumbo y el perfil que adquirirá Estados Unidos en los próximos años.
De momento, tenemos un adelanto de su poder e influencia en la Tea Party Express III, una caravana de seguidores que está recorriendo en estos días 23 estados y 44 ciudades por todo el país, y que desembocó en una nueva Marcha sobre Washington este pasado 15 de abril. Es la tercera caravana que organiza el movimiento conservador y pone de relieve su empuje social cada vez mayor, como lo pondrá su influencia en los candidatos que darán la batalla en las primarias Republicanas, en las legislativas de noviembre, y que puede terminar por apoyar y llevar a la victoria al próximo presidente de los Estados Unidos.




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